viernes, 19 de diciembre de 2014

Feliz Navidad

Da gusto ver a tu hijo saltar las olas por primera vez: antes de atreverse, se asoma al mar con el miedo inquieto que produce la inmensidad del océano. Poco a poco, pasito a pasito, deja que la espuma refresque sus pies. La sensación, después de todo, se agradece con el sofocante calor. Tú le animas, pero él sigue sin verlo claro. Después, en un acto de confianza ciega, te pide la mano: quiere vivir la aventura, pero necesita vivirla contigo. Avanzáis juntos unos pasos, el frío mojado le siembra dudas. Tú tiras de él suavemente, le hablas con cariño, escarbas en su curiosidad. Construyes con él un muro que se enfrente solidario al oscilante juego. De pronto descubre que le gusta, que está disfrutando, que es feliz con tan poco, que para él es tanto… Y casi sin enteraros, te ha soltado la mano. Entonces tu corazón se desborda, y tu sonrisa embobada delata que todo tu mundo cabe en el salto de una ola.

Ojalá tu vida sea siempre, no solo en verano o en Navidad, ver cómo tus hijos saltan las olas.

Feliz Navidad.


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