domingo, 20 de enero de 2013

¿Concursos o subastas?... Las armas requieren espíritu

La semana pasada propuse un debate por aquí que tuvo bastante aceptación sobre la relación entre la corrupción y la forma de contratación de obra pública. Varios compañeros han comentado su opinión en el blog, con aportaciones interesantísimas y dignas de ser tenidas en cuenta para mejorar la legislación de contratos, y muchos otros hemos hablado de ello durante la semana.

El artículo que servía de introducción al debate aporta contenidos muy valiosos. En primer lugar, Teófilo denuncia con su nombre y apellidos algo que el ciudadano tiene que saber: que la contratación pública de obras ha sido y es un foco de corrupción política. También denuncia en sus comentarios posteriores ciertas malas prácticas que todos conocemos en la fase de redacción y valoración de ofertas. Esto no vale con comentarlo en corrillos o tomando café. Sino que, para que la realidad empiece a cambiar son necesarios nombres propios que se pongan a cambiarla. Por eso, mi gratitud a Teófilo por haber dado un (pequeño y primer) paso adelante.

Asimismo propone herramientas muy interesantes, como los performance bonds, la desincentivación de reclamaciones infundadas o la Fals Claims Act, que ayudarían sin duda a una administración pública más eficaz.

Pero defiende una premisa que no puedo compartir en el sentido que la plantea:

“El concurso, por muy bien estructurado que esté, ofrece siempre un margen de discrecionalidad en sus valoraciones cualitativas, que puede ser utilizado por políticos y funcionarios para dirigir el sentido de la adjudicación.

Y digo que no la comparto porque no quiero ver en el mismo saco a políticos y funcionarios. No me detendré en el detalle de que la generalización de la frase es muy peligrosa: ni todos los políticos son iguales, ni todos los funcionarios somos iguales, ni por supuesto un colectivo debería tener mucho que ver con el otro.

Antes de seguir, imaginad una escena:


Funcionario: “Ya hemos valorado las ofertas. La mejor técnicamente sale la empresa A”.

Subdirector: “Habrá que hacer una revisión de la valoración, porque tengo entendido que la empresa B ha presentado una oferta muy buena, y existe interés en que ese esfuerzo se valore”. (El funcionario entiende: “Vale, chaval. Pues ya estás cambiando los números para que salga la empresa B y que la diferencia sea suficiente como para que la oferta económica no nos toque las narices. Que me han dicho “desde arriba” que tiene que salir la empresa B”).

Funcionario: “Esto… La oferta de la empresa B no es que sea muy buena que digamos… Además, “se parece sospechosamente mucho” a las de las empresas C, D y E”.

Subdirector: "Seguro que ese criterio está muy fundado, pero estoy convencido de que las directrices de la superioridad también lo están". (El funcionario entiende: "No sé muy bien de qué me estás hablando. Pero ya estás tardando en cambiar los números").

Y el funcionario vuelve asqueado a su despacho, pensando en que el sistema es una mierda y que su trabajo no vale para nada, y con la firme determinación de que cambiará los números, porque es su trabajo y no le queda más remedio, pero que eso no lo firma él, que su objetividad no se lo permite. Y su conciencia queda tranquila porque, al menos él, “ha salvado su responsabilidad”.

Los concursos y las subastas son dos herramientas que la ley prevé para la contratación pública. Cada uno es preferible en ciertos supuestos, y este artículo no aportaría nada si se limitara a enumerarlos, porque todos somos mayorcitos y sabemos de qué estamos hablando. Además, ya está suficientemente debatido por muchos compañeros en los comentarios al artículo de Teófilo… Aunque aprovecho para preguntar:

¿Os parecería descabellado un cónclave de empresas estudiando la baja que tiene que hacer cada una para repartirse las obras? A mí no, sin ir más lejos es comidilla que a las empresas concesionarias de las autovías de primera generación les gusta tomar café los lunes, por ejemplo.

¿Os parecería descabellado que judicialmente el Estado se acabase comiendo las bajas temerararias porque algún tribunal diga que ese modificado de ciencia ficción que plantea la contrata es de ley? Más descabelladas son algunas sentencias sobre expropiaciones y autopistas radiales, por ejemplo.

No puedo compartir el “café para todos”. De hecho, es una de las mayores injusticias que conozco, que, como he argumentado otras veces, produce que paguemos justos por pecadores. En este caso, pretender eliminar el concurso porque produce discrecionalidad es ir en contra de todo lo que yo defiendo y espero de la Función Pública.

discrecional.
(De discreción).
1. adj. Que se hace libre y prudencialmente.
2. adj. Se dice de la potestad gubernativa en las funciones de su competencia que no están regladas.

Los funcionarios somos la última frontera entre el político y el ciudadano. Nuestro criterio, valorado en pruebas objetivas, y elegido por mérito y capacidad, ha sido el que el país ha decidido que prevalezca en lo tocante a ejercer la función pública.

Si hay algún funcionario que, en vez de defender el interés general sirve a otros intereses espurios, esto no puede ser causa de que a todos los demás nos recorten la posibilidad de hacer bien nuestro trabajo, es decir, de que sea nuestro criterio el que guíe nuestras acciones.

La película que cuento más arriba termina así:

“El funcionario se sienta delante de su ordenador. Antes de abrir el excel, el peón mira alrededor y ve al rey corrupto, a la reina hecha una zorra, al caballo de cartón y a la torre inmóvil, haciendo dinero. Silencioso, pensativo, decide no abrir el excel, sino el word, y comienza a redactar un informe contradictorio”.

“Las armas requieren espíritu, como las letras”.
Miguel de Cervantes y Saavedra.

Gandalf el Gris.

15 comentarios:

  1. Querido Manu. Ya he dicho que no tengo ganas de adentrarme en la "sociologia de los procesos de contratación. yo también me he encontrado con ofertas que venían dirigidas desde abajo y como soy del oficio, podía preguntar y algunas veces obtenía explicaciones curiosas y poco convincentes que me obligaban a echar para atras el asunto.Esto le toca a un responsable "de letras" y ni se entera.
    Las personas somos honradas, o no, sin importar que uno sea político o funcionario. Cuando se tiene poder sobre grandes cantidades de dinero, las tentaciones son grandes y evitada la ocasión evitado el pecado.
    Tengo muchos años y muchos tiros administrativos pegados como para no distinguir discrecionalidad de arbitrariedad.De hecho lo menciono en alguna de mis contestaciones.La discrecionalidad no es arbitrariedad, pero la hace posible.
    Yo creo que parte de nuestro desacuerdo proviene del papel que le damos al ingeniero funcionario. Yo preferiría verlos redactando estudios informativos, colaborando en los proyectos y dirigiendo las obras, mas que sentados frente a una sábana manejando multiples criterios para llegar a un candidato para ejecutar una glorieta o un refuerzo de firme y además sometido a las presiones que tú mismo cuentas muy bien.
    Fíjate además que toda la contratación no es en la Admon del Estado. Están las Autonomías y Aytos y ahí si que se licitan por concurso obras bien simples. Ya avisé en mi artículo que no esperaba que mi propuesta resultase muy popular.A nadie le gusta ceder poder y para evitar esto, se recurre a toda clase de argumentos.
    He dicho también que me recuerdan a los que tuve que afrontar, cuando de Secretario de Estado de Admon Pública quise extender los concursos en detrimento de la libre designación.
    Gracias por tu amabilidad, pero me parecía que siendo, por decir así el ponente del asunto me correspondía cerrarlo
    Teófilo serrano

    ResponderEliminar
  2. Yo también estoy de acuerdo en que el papel de los ingenieros en la administración debería estar más en controlar que se estén cumpliendo los ratios de ensayos que marca el PG-3, que el CPA de los áridos sea el que se exige en el proyecto, que los análisis multicriterio de los estudios informativos se redactan con cierta objetividad... y no tanto si la oferta de A es un 4% ó un 8% mejor que la de B. Si me apura, también debería de ser función de los ingenieros funcionarios establecer unos requisitos de solvencia suficientemente estrictos como para que se pudiese elegir a cualquiera de las empresas que pasasen esa criba con una simple subasta.

    Y es que, efectivamente, no siempre son los políticos los que introducen arbitrariedad (pura y dura, no "subjetividad" ni "discreccionalidad") en los concursos. Yo también estoy cansado de ver corrupción desde abajo (esto es, la arbitrariedad introducida por los funcionarios para con las empresas de su cuerda).

    De hecho, también se ha desarrollado una nueva versión de corrupción funcionarial, más sutil, que sería una especie de "corrupción por colaboración y dejación". La de aquellos técnicos que, tras mirarse las ofertas (o antes), le preguntan al político hacia donde quiere que "sobrepondere" cada oferta. La verdad es que comprendo que es un método práctico, con el que se ahorran muchos de los disgustos que da hacer un trabajo para nada, y aún encima luego tener que repetirlo. De esta forma, al menos, lo que hacen pasa el filtro político más fácilmente.

    Ahora bien, lo que me parece sorprendente es que muchos de estos funcionarios no parecen ser conscientes de su colaboración con la corriente de corrupción generalizada. Piensan que, simplemente, hacen su trabajo... cómo si ese fuese seguir obedientemente las órdenes de sus jefes políticos y no "guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado". Es más, parecen no darse cuenta de que la no subrogación al poder político (voluble, cíclico y cambiante, por definición), es decir, la independencia de los funcionarios con respecto a aquél, es la única razón de la inamovibilidad de su puesto de trabajo. Y es que, si los funcionarios se limitasen, como en el ejército, a cumplir las órdenes del jefe, sin rechistar, y sin velar por la preservación del principio de legalidad... estaría más que justificado que cada político que ganase unas elecciones, metiese a trabajar con él a gente de su confianza (gente "de partido" para entendernos).

    Y, claro, me podrán decir que para corregir eso está la justicia, todo el peso de la ley, el régimen disciplinario de los funcionarios,... pues sí, pero entonces podríamos decir que más fácil todavía es echar a los políticos corruptos (cada 4 años nos ofrecen esa oportunidad), y ya se ve lo que pasa. Así pues, lo mejor es alejar las tentaciones.

    ResponderEliminar
  3. Para mí lo más importante es que al fin se hable de una cosa que ha estado oculta durante años, pese a que era un secreto a voces: la gran estafa de las adjudicaciones públicas. Ahí ha metido mano todo quisqui, funcionarios y políticos, en función de a quién le dejaban.
    Supongo que ni el concurso ni la subasta son el método ideal, no consigo formarme una opinión definitiva y general, pero lo que tengo claro es que hay que tratar por todos los medios de que no dependa de uno, o de unos pocos, para evitar severas tentaciones de adjudicar a dedo y/o de conseguir bonitas comisiones.
    Si nos paramos a pensarlo, ese tipo de actitudes hace que no seamos muy diferentes a los países del tercer mundo.

    ResponderEliminar
  4. La paella en 8 minutos

    Convertir una discusión de cuándo interesa un concurso y cuándo una subasta en una denuncia global de corrupción generalizada, me parece que es perder el objeto de la discusión.
    Yo insisto en que si en una concesión de paellas en un hotel se utiliza exclusivamente el criterio de concedérselo al que menos tiempo oferte, habrá alguien que se la lleve en 9 minutos, y si yo quiero optar, la próxima vez ofertaré 8.
    Lo que creo es que nadie debe confundirse: un arroz recalentado en microondas no será nunca una paella.
    Jesús Rubio Alférez

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En ninguna manera la entrada pretende ser una denuncia global de corrupción generalizada, sino una puesta en valor de una profesión bien ejercida: la de ingeniero funcionario. Y para mí ese es el debate interesante: el del espíritu, no el de las armas.

      Allá cada cuál como use sus armas, y ante quién o qué tenga que responder.

      Por cierto Jesús que yo si quiero un arroz recalentado, compro el más barato de los que cumplen mis especificaciones (o sea, que me guste). Ahora, si me voy a tomar una paella, ya me lo pienso más.

      Eliminar
  5. Cuando un proceso que se realiza con un claro objetivo se divide en fases independientes, se corre el riesgo de que cada una de las fases, se olvide del objetivo final e intente optimizar su propio resultado a costa de las otras fases.
    Esto es muy habitual en grandes empresas u organizaciones como un Ministerio y una muestra de ello es este debate.
    El objetivo del Ministerio de Fomento es desarrollar las infraestructuras que necesita el pais, con unos parametros adecuados de calidad y al menor coste posible, tanto de construcción como en su fase de explotación.
    El objetivo del Ministerio no es adjudicar contratos como muchas veces parece, eso es un medio para conseguir el objetivo final y por lo tanto no debe ir en contra del mismo.
    Los consursos tienen por objetivo valorar otros factores mas alla de los puramente economicos para hacer que la obra ejecutada sea de mayor calidad y los costes globales de la obra no solo los de construcción sean más bajos.
    Si el sentido de los concursos se pervierte y se emplean para prevaricar, pues se tendrá que corregir, el funcionario deberá denunciar las presiones ya que se trata de un delito, y si esto no es posible pues se tendrán que realizar mesas con tecnicos de otros organismos independientes para evitar esas presiones.
    Lo que no tiene sentido es decir que, como el concurso es dificil de controlar, pues hago subastas que son mucho mas faciles y patada hacia delante y el que venga detras que se apañe, no es factible que un mero tramite administrativo acabe condicionando el objetivo final que es hacer la obra.
    Porque hasta ahora de la obra lo unico que se dice es que la empresa la haga bien y sino pues se la penaliza o no se le vuelve a contratar, vamos como si hacer un tramo de autovia fues igual que montar un mueble de ikea, en una obra de esas caracteristicas hay muchos detalles y matices no hay una linea perfectamente delimitada que diga que esta completamene bien y esta completamente mal, digamos que hay una franja de calidad en la que te puedes mover cumpliendo el proyecto.
    Esto nos puede llevar a que el contratista para cumplir con su oferta economica al limite (si de cuarenta es la mas barata muy sobrada no esta) ejecute la obra con la calidad minima o menor si consigue eludir los controles de la adminstración, lo cual a la larga resulta mucho mas caro para la administración ya que los costes de mantenimiento superarán con creces los ahorros generados en la ejecución de la obra.
    Por lo tanto el tema de las subastas, en lugar de los concursos, solucionaria la corrupción y las presiones en las adudicaciones pero con elevado coste para la administración en cuanto a la calidad de sus obras y a los costes de conservación.
    Ademas el problema de la corrución no se ha resuelto sino que se ha trasladado porque las mismas presiones que sufre el que puntua, las puede sufrir el director de obra o de contrato, para que mire para otro lado cuando la empresa no cumpla estrictamente con el contrato, empresa "amiga" que hizo la mayor baja y resulto ajudicataria porque sabia que luego la iban a apoyar
    Emilio

    ResponderEliminar
  6. ¿Como contratan las grandes empresas privadas a sus proveedores?. Es un procedimiento sencillo. Seleccionan un conjunto de empresas a las que consideran calificadas técnicamente y financieramente para prestarles el servicio o el suministro o la obra que se trate.Con esa base de datos aplican procedimientos de subasta que puede ser incluso electrónica y adjudican al más barato. Firman un contrato en el que quedan claras las obligaciones de las partes y si alguien no cumple paga las penalizaciones correspondientes, pierde las garantías, además lo sacan de la base de datos y no vuelve a contratar más con la empresa. Si creen que este método conduce a resultados ineficientes para las empresas, están en su derecho, pero sospecho que no es así. Por cierto, que las grandes empresas han montado estos procedimientos porque también se daban casos de corrupción y de comisiones pagadas a responsables de compras. Conozco a un auditor interno de una multinacional que me ha contado historias muy jugosas al respecto.

    ResponderEliminar
  7. Antes de nada presentarme, que veo que por aquí pocos utilizan su nombre, yo no tengo ningún problema porque lo que aquí digo lo puedo gritar en cualquier sitio. Soy Luis Andrés y trabajo en el sector publico.

    Todo lo que se ha dicho aquí es bastante interesante pero no por ello acertado, desde mi punto de vista, claro.

    Concurso/subasta. Como dije en el otro hilo del blog que hablaba del tema, dependiendo el caso sera buena una u otra opción. Yo lo relacione en función de la complejidad técnica.

    Pero nunca lo relacionaría para evitar la corrupción del que evalúa o del que adjudica. Para eso se tendrían que utilizar otros medios. No perdamos cual es el objetivo de utilizar uno u otro sistema, y éste es conseguir la mejor oferta que se adecue al objetivo perseguido. (técnica, económica...)y no controlar la presunta corrupción.

    En cuanto a lo que comenta "traviesas":

    "Ya avisé en mi artículo que no esperaba que mi propuesta resultase muy popular.A nadie le gusta ceder poder y para evitar esto, se recurre a toda clase de argumentos."

    Bueno también es verdad que a nadie le gusta que le lleven la contraria y lo puede justificar con toda clase de argumentos.

    Pero yo no estoy aquí para llevar razón o no, solo estoy para compartir mi experiencia en el tema por si sirviera de algo.

    Cuando he preparado pliegos técnicos y evaluación de ofertas me he encontrado con muchos casos, pero en general intentar hacer lo mejor posible con las circunstancias que les rodea.

    Mi sueldo no iba a ser mayor o menor en función de lo que pusiera en el pliego, y en cuanto a la evaluación técnica de la oferta, siempre he tenido muy claro que como al final iba a tener que trabajar con el adjudicatario, quería que fuera el mejor para que el éxito o el fracaso del trabajo del que era responsable.

    Es cierto que tanto funcionarios como políticos los hay de los buenos y delos malos y que en función del poder que se tenga será mas fácil que se corrompa esa persona.

    Por esa regla de tres está claro que el político es el que mas poder tiene y por lo tanto el mas fácilmente corruptible. El problema es que cuando ese político ademas utiliza su poder imponiendolo sobre el funcionario entonces el funcionario se hace cómplice de esa corrupción. Por ello a veces el funcionario se vende barato, simplemente por la expectativa de asegurar su puesto o por no truncar una carrera en la administración, y quien sabe, si conseguir que se le elija "a dedo" como persona de confianza en ciertos puestos político-técnicos.

    Ese problema no se resuelve perfeccionando los sistemas de licitación con el objeto de evitar la hipotética corrupción de los funcionarios. Es un tema mas complicado y creo que tiene que ver mas con la información, una información transparente y abundante permitiría no solo limar los defectos del sistema sino perfeccionar éste.

    ResponderEliminar
  8. Creo que queda claro que el nombre de Traviesas corresponde a Teófilo Serrano que soy yo. De hecho todos mis comentarios salvo el último aparecen firmados, por lo que las referencias al anonimato más bien indican que no se leen del todo los comentarios. Lo de Traviesas es por la cosa ferroviaria y porque abri una cuenta en google con ese seudónimo. Veo que soy un desatre explicandome si Luis Andrés cree que mi reflexión va dirigida a " evitar la hipotética corrupción de los funcionarios".
    Se trata de evitar que "alguien" pueda prometer a otro "alguien" una adjudicación de obra a cambio de determinados favores, y que esa promesa resulte creible porque el sistema lo permita. Para lograr esto habrá diferentes procedimientos. Yo me he limitado a señalar el que me parece mejor. Eso es todo
    Teófilo Serrano

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Haya paz! :)

      Lo más positivo de todo este debate es ir sumando personas dispuestas a cambiar las cosas para mejor.

      Seguro que poco a poco, y con las propuestas de todos, el problema se irá solucionando... Depende de nosotros.

      Eliminar
  9. ¡Pero si somos unas malvas! ;-)

    ResponderEliminar
  10. Maskirov27/1/13 0:58

    Totalmente de acuerdo con lo de que si a las empresas privadas les funciona la subasta, ¿por qué no habrían de servirle a la administración?

    Es más ¿ofrecen más calidad las obras por haber sido adjudicadas mediante contrato? Mi experiencia no me indica eso, en absoluto.

    Y es que, por las propias ineficacias del concurso como procedimiento de adjudicación, se produce un serio problema: La empresa adjudicataria, si gana el concurso por lo que lo gana (léase "por su diligencia ensobrando pepelillos de color malva, amarillo y/o verde con la firma del presidente del Banco Central Europeo") posiblemente no sea realmente la idónea para ejecutar la obra, con lo cual difícilmente podrá ejecutar la obra con la calidad exigible. Eso, en sí mismo, ya desmonta la teoría de que mediante un concurso resultan adjudicatarias empresas más solventes técnicamente. Y eso sí que es trasladarle un gravísimo problema al director de obra, por partida doble: la propia incompetencia de la empresa, y su proximidad al poder político, que acabará por afectar a su independencia como director facultativo.

    En cambio, las subastas presentan la ventaja de que, en el peor de los casos, sólo le suelen transferir al director de la obra 1 problema: el exceso de baja. Y es que, al menos en parte, evita la posibilidad de que exista un "enlace" entre el adjudicatario y el poder político (salvo que admitamos que la gran mayoría de los contratistas cuentan con "hilo directo" con la administración, que no es un hecho en absoluto descartable).

    Y es cierto que, por desgracia, es imposible hacer un debate aséptico, puramente técnico, sobre la conveniencia de uno u otro procedimiento de adjudicación, dado que, en la práctica, su relación con la corrupción es indisoluble. Si no fuera por ella, el debate sería simplemente innecesario...

    En todo caso, las preguntas que me asaltan son al menos dos:

    1) ¿Por qué en España, en todo concurso que se precie, no resulta nunca adjudicataria una empresa extranjera? ¿Acaso no son tan capaces técnicamente como las nacionales de ejecutar un simple refuerzo de firme? Es más, cuando se trata de administraciones de nivel subestatal (autonómicas o locales) ¿cómo puede ser que los adjudicatarios sean siempre de la zona? Estaremos de acuerdo en que eso se resuelve con la subasta ¿o tampoco? Esto, evidentemente, no pone sólo de manifiesto una falta de unidad de mercado, sino que también significa que se están interiorizando mecanismos de discriminación que penalizan a las empresas más eficientes, en beneficio de las locales (desincentivando a éstas de mejorar su productividad lo cual, en definitiva, es el problema de "este país").

    2) Cuando se dice que, como vamos a trabajar con la empresa que resulte adjudicataria, estamos más que interesados en que esta sea la mejor... ¿significa que estamos empleando las experiencias pasadas (subjetivas, por definición) con ciertas empresas, que tenemos interiorizadas, a la hora de valorar sus ofertas? Y es que, siendo así, con toda la buena voluntad que pongamos en el asunto, estamos vulnerando el espíritu de la ley (y de la Directiva europea que traspone), al seleccionar "la mejor empresa", que no tiene por qué ser necesariamente "la mejor oferta". Esto ya es un aspecto menor, por supuesto, pero sirve para argumentar que las subastas no sólo reducen las probabilidades de corrupción del proceso, sino que eliminan subjetividades, incluso involuntarias, que son contrarias a los principios inspiradores de la ley.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tus aportaciones, Maskirov.

      A tus preguntas:

      1) Desde mi experiencia (y sólo he valorado ofertas de estudios informativos), no pueden resultar adjudicatarias empresas extranjeras porque... ¡No se presentan!

      2) Sin entrar en "el espíritu de la ley" (algo que me es muy difícil definir, sobre todo ahora que pertenezco al grupo de trabajo que prepara el borrador de la futura ley de carreteras), a mí me parece bien que exista subjetividad en la decisión... Puesto que defiendo el teórico sistema de "mérito y capacidad" por el cual accedemos a la Administración General del Estado.

      Te copio lo que ponía en el artículo, a sabiendas de que probablemente estemos de acuerdo en que en este punto no vamos a estar de acuerdo:

      "Los funcionarios somos la última frontera entre el político y el ciudadano. Nuestro criterio, valorado en pruebas objetivas, y elegido por mérito y capacidad, ha sido el que el país ha decidido que prevalezca en lo tocante a ejercer la función pública.

      Si hay algún funcionario que, en vez de defender el interés general sirve a otros intereses espurios, esto no puede ser causa de que a todos los demás nos recorten la posibilidad de hacer bien nuestro trabajo, es decir, de que sea nuestro criterio el que guíe nuestras acciones".

      Un saludo.

      Eliminar
  11. Anónimo8/2/13 14:33

    Manu, muy interesante debate, muy enriquecedor. Ahora permíteme que dé una nota más... ligera. En 1992, poco antes de irme del Ministerio, escribí al Ministro Borrell sugiriéndole "otro" sistema de adjudicación que sería pintiparado para un país como España, donde la Lotería tiene tanto predicamento: ¡la Lotería! La cosa funcionaría como sigue: toda Empresa responsable tendría por ello una papeleta; por cada cinco años que estuviera activa en el sector, dos papeletas más; por cada contrato "felizmente" terminado, dos papeletas más... Y así podrías repartir papeletas con arreglo a los criterios (públicos) que la Administración determinara: carga de trabajo (menos papeletas), incumplimientos administrativos (desde menos papeletas a uno o varios "turnos" sin "jugar"); medios especiales a disposición (la tuneladora), varias papeletas más...; etc. De manera que al llegar el momento de adjudicar, la empresa A tendría de la papeleta 1 a la 57; la empresa B, de la 58 a la 108; y así sucesivamente.
    En el momento de la adjudicación, se efectuaría un sorteo público y ante notario. De esta manera se aleatorizaría el resultado del proceso, y cada participante tendría una probabilidad (pero no una certeza) de verse agraciado, proporcional a sus méritos. Sería muy difícil de amañar. Incluso se podrían penalizar las bajas, sin más que abrir las ofertas económicas antes del sorteo y retocar el número de papeletas en función de ellas.
    Esto, evidentemente, es una "boutade"... ¡pero no tanto! Es... "otro sistema". El Ministro tuvo la amabilidad de contestarme (dándome una larga cambiada, pero sin escandalizarse).
    Para no hablar de la "lista corta" y otros así, que se emplean en los países de nuestro entorno.
    Muchas gracias a los participantes por sus aportaciones, y a tí por las tuyas y por la hospitalidad.

    Sandro Rocci

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Sandro.

      Lo del sorteo no te creas que no lo hemos hablado, medio en serio, medio en broma, entre muchos compañeros... Ya ves: las personas pasan, las ideas permanecen. :)))

      Eliminar